- GOBIERNO A LA CALLE, PERO A CONQUISTARLA
- LA CALLE HABLA
- EL ECUADOR MERECE MÁS QUE ESTO
- CONTRA VIENTO Y MAREA
- SEGUNDA BOCANADA DE GOBERNABILIDAD: LA RURALIDAD
EL OLOR Y DOLOR DE LA TIERRA
admin Editorial/ EL Universo 2022-10-24 23:24:02
La agricultura y la domesticación de los animales transformaron a la humanidad. Constituyó una gran revolución entre los años 9.000 y 6.000 a. C., en las orillas de los ríos Tigris, Éufrates y el Nilo. De ahí devinieron el sedentarismo, la escritura, el comercio y el progreso. Vino la civilización.
El Imperio romano sobrevivió mientras la agricultura fue capaz de sostener a vastos territorios desde el Mundo Helénico hasta Britania. El colapso vino de la mano de la incapacidad para alimentar a la población y la sobrecarga tributaria a los agricultores.
El sector agrícola puso el nombre del Ecuador en el mundo. El cacao, primero, y luego el banano, fueron el puente del país con el resto del planeta. Nuestra nación ha sido y es eso: cacao, café, banano y tierra productiva. Somos un territorio de petricor, ese olor a tierra húmeda que anuncia tiempos de siembra y esperanza.
Este sector no solo nos alimenta, sino que incorpora a la economía un flujo de divisas de exportación que alcanza, a pesar de las deficiencias productivas, unos $ 6.000 millones al año.
Sin embargo, no ha habido, por décadas una política pública que defina las líneas de acción y atención profunda a este sector en todos los elementos que integran su ecuación: tierra, semillas, agua, crédito, asistencia técnica, agremiación, almacenamiento, distribución, maquinaria, mercados, servicios conexos.
Las políticas estatales son meramente coyunturales y apaga fuegos. Resulta paradójico que el sector por el que brillamos en el mundo sea el más opaco y difuso nacionalmente.
En el tiempo de ejercicio del gobierno del presidente Guillermo Lasso, hemos visto perfilar propuestas de políticas públicas para el sector petrolero y energético, lo cual nos hace pensar que lo mismo, con la profundidad debida, debe hacerse en el sector agropecuario para así abarcar todos los elementos de la ecuación de este grupo.
Esta tarea no fue emprendida por otros gobiernos, lo que ha traído como consecuencia la precarización de la labor agrícola, la desesperación del agricultor pequeño y mediano que no encuentra asistencia, orientación de mercado, almacenamiento, fomento a la asociatividad y, por supuesto un crédito hecho a la medida del cultivo. El sector, ganador, vive de crisis en crisis, ocupando carreteras para recibir atención en lugar de volcarse al campo a producir eficientemente. Debe haber una política pública orientadora, aplicable y cabal.
Entender la trascendencia e importancia de lo agropecuario es entender el corazón mismo del país, es atender la alimentación, exportación y, sin duda, la pobreza que se asienta en el campo cada vez con mayor repercusión a las familias de la ruralidad.
Presidente, es hora de hacer algo trascendente e histórico. El país lo invita a adentrarse en el mundo profundo del sector agropecuario abandonando las políticas cortoplacistas y de atención a lo coyuntural, a aquello que hace ruido mediático, mientras en el inframundo del pequeño y mediano agricultor se clama por atención de largo alcance, por atención para producir de manera eficiente. El reto está planteado. (O)
Comentarios (0)
No encontramos comentarios
